Las poblaciones de animales de la zona abisal del norte del Golfo de México se redujeron entre 60% y 85% después del derrame de la plataforma Deepwater Horizon, ocurrido el 20 de abril de 2010, y no muestran señales claras de recuperación, según un estudio publicado el 19 de octubre de 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y reseñado por Wired.

El pozo roto frente a la desembocadura del Misisipi expulsó crudo durante 87 días: 4.9 millones de barriles, además de 1.84 millones de galones de dispersantes químicos aplicados con autorización de agencias estatales y federales, de acuerdo con la reconstrucción del caso que publica Wired. En 2016, BP aceptó un acuerdo de 20,800 millones de dólares, con hasta 8,800 millones destinados a restauración ambiental. El hallazgo importa a México porque la cuenca es compartida: la zona abisal concentra cerca de 90% del volumen total del Golfo, según el estudio, y en ella conviven actividad petrolera en aguas profundas y pesquerías de altura.

Los datos vienen de nueve meses de muestreo en 2011, tomados como línea base, y de nueve campañas entre 2015 y 2023. Con redes de 10 metros cuadrados hasta 1,500 metros de profundidad y sondas acústicas, el equipo documentó caídas de 63.5% en peces, 62.9% en peces linterna, 72.8% en krill y 59.7% en cefalópodos, según el resumen de NOAA Fisheries. La retrodispersión acústica, empleada como proxy de biomasa, bajó 40% en la capa superficial durante la noche. Los autores descartaron temperatura, oxígeno y disponibilidad de alimento como causas, y hallaron pérdida de diversidad genética en tres especies de peces linterna.

John Quinlan, biólogo del Centro de Ciencias Pesqueras del Sureste y coautor del trabajo, señaló que antes del derrame existían pocas mediciones de lo que ocurría en el Golfo abierto profundo, de acuerdo con NOAA Fisheries. Los autores también señalaron que la minería industrial en aguas profundas representa un riesgo de daño para esos ecosistemas antes de que se evalúen las condiciones de referencia. Las evaluaciones de daño y los trabajos de restauración siguen en curso, y la serie de datos que cierra en 2023 queda como punto de comparación para los próximos muestreos en la cuenca.

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