El 1 de octubre de 2026, la startup Satlyt anunció una ronda semilla de 8 millones de dólares para operar modelos de inteligencia artificial dentro de satélites, el mismo día en que Google llevó a órbita el primer prototipo de cómputo espacial de su proyecto Suncatcher, según TechCrunch.
La ronda fue liderada por el fondo con sede en Houston Non Sibi Ventures, donde participa Bernard Harris, astronauta de la NASA por más de 20 años, de acuerdo con TechCrunch. Satlyt tiene oficinas en Sunnyvale, California, y Nairobi, Kenia, y no fabrica naves propias: desarrolla software para que satélites de distintas empresas compartan cargas de cómputo pesadas en órbita, un enfoque que su fundador, Rama Afullo, compara con plataformas como VMware o Snowflake. Ese mismo jueves, un cohete Falcon 9 despegó desde la base de Vandenberg con el prototipo de Project Suncatcher, una nave de Planet Labs con cuatro chips TPU de Google y cerca de un kilovatio de energía solar, reportó CNBC. El movimiento importa para México y América Latina porque la agricultura de exportación, la operación energética y la protección civil consumen datos satelitales, y enviar esa información a estaciones en tierra es caro y lento.
Satlyt ya voló su software en dos misiones de demostración. A inicios de 2026 desplegó el modelo Gemma de Google DeepMind en una nave operada por Momentus, donde el sistema recortó más de 60% el tamaño de la transmisión de datos sobre errores de software, un ahorro que Afullo estima en cientos de miles de dólares por satélite cada año. En el vuelo del 1 de octubre el software corre sobre una nave de la empresa india TakeMe2Space y atiende a tres clientes: la NASA, que paga por probar protocolos de cómputo en la nube desde el espacio; Stellerian, enfocada en vigilar objetos en órbita; y la propia TakeMe2Space. Google prevé dos satélites adicionales en 2027 para ensayar enlaces láser entre naves.
El siguiente hito tiene fecha: Satlyt busca probar en 2027 una nube compartida entre dos satélites distintos y llegar a 20% de los satélites en operación hacia el final de la década, una señal de que el cómputo orbital entra a su fase de infraestructura compartida.
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