Un análisis del Atlantic Council publicado el 21 de julio de 2026 documenta que la guerra con Irán se libra ya en un terreno distinto al estrecho de Ormuz: la infraestructura crítica de los países del Golfo. Plantas desalinizadoras, centros de datos y cables submarinos de fibra óptica son blancos de una estrategia que busca interrumpir los servicios básicos que sostienen a las sociedades de la región.

El conflicto inició el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron operaciones militares contra Irán. Desde entonces, según el Atlantic Council, la Guardia Revolucionaria iraní ha golpeado plantas desalinizadoras en Bahréin y Kuwait (que obtienen cerca del 90 por ciento del agua potable del mar) y drones iraníes alcanzaron dos centros de datos de Amazon Web Services en Emiratos Árabes Unidos, el primer ataque militar confirmado contra un proveedor de nube a gran escala. El impacto se propagó de inmediato a aplicaciones bancarias, plataformas de pago y servicios de transporte.

En paralelo, una campaña de suplantación de GPS desplazó más de 1,100 embarcaciones de su posición en un solo día. El tránsito por el estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del suministro global de petróleo y gas, colapsó de unos 140 buques diarios a entre 3 y 8. De acuerdo con The Guardian, la Guardia Revolucionaria iraní reivindicó el 21 de julio el ataque a un buque tanque frente a Omán y a otros dos barcos el día anterior. Estados Unidos respondió con una décima noche consecutiva de bombardeos sobre sitios de mando y lanzamiento de misiles en Irán. El Pentágono reportó tres soldados fallecidos durante el fin de semana y casi 100 heridos en las últimas dos semanas. La empresa Alcatel Submarine Networks suspendió desde el 12 de marzo sus operaciones en el Golfo por fuerza mayor, lo que dejó sin conectar el cable 2Africa Pearls de Meta.

El concepto que el Atlantic Council denomina red de resiliencia soberana traslada la discusión de seguridad del terreno militar al institucional. Para México, la implicación es concreta: la protección de infraestructura crítica (energética, hídrica, de telecomunicaciones) requiere una arquitectura de coordinación que anticipe interdependencias entre sectores, no solamente blindajes aislados.

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