El Banco de Inglaterra mantuvo el 17 de septiembre su tasa base en 3.75% y advirtió que una guerra prolongada en Oriente Medio puede obligarlo a elevar el costo del crédito, con el petróleo por encima de los 100 dólares por barril como telón de fondo.
El patrón es global. La Reserva Federal de Estados Unidos subió tasas el 16 de septiembre por primera vez desde 2023 y el Banco Central Europeo hizo lo propio unos días antes, según The Guardian. Al Jazeera documenta que el motor del rebrote es energético: el crudo superó los 100 dólares por barril en la semana previa, a seis meses de la guerra con Irán, con el estrecho de Ormuz aún disrumpido y las operaciones hutíes amenazando el suministro saudí. Para México y América Latina el canal de transmisión es directo: energía más cara encarece el transporte y la electricidad, y un ciclo de tasas globales que no cierra mantiene elevado el costo del financiamiento externo.
Las cifras británicas ilustran la presión. La inflación del Reino Unido pasó de 2.9% en julio a 3.1% en agosto, según las cifras oficiales que reporta The Guardian, y el propio banco proyecta que llegue a 4% a principios de 2027. El comité de política monetaria votó 6 a 3 por mantener la tasa. Andrew Bailey, gobernador del Banco de Inglaterra, señaló que mientras la volatilidad persista, mayor será el impacto sobre la inflación y más probable que la institución tenga que subir la tasa para regresarla a su objetivo de 2%. Los operadores de la City descuentan un alza de un cuarto de punto desde noviembre y tres más hasta 4.75% el año próximo. El banco anunció además un plan para vender 146 mil millones de libras en bonos gubernamentales al Tesoro, a un ritmo de 20 mil millones anuales hasta 2034.
El calendario mantiene la presión: el comité británico vuelve a reunirse en noviembre y los operadores ya descuentan un alza desde ese mes. Para las economías emergentes, la lectura de la semana es que, mientras el shock energético siga sin ceder, el financiamiento externo se mantiene caro.
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