El acuerdo comercial integral entre India y el Reino Unido, conocido como CETA por sus siglas en inglés, entró en vigor el 15 de julio de 2026, eliminando barreras arancelarias sobre el 96.8% de las líneas tarifarias del lado británico y sobre el 64.1% de los bienes indios de forma inmediata.
El tratado es el acuerdo bilateral más ambicioso que India ha negociado con un país del G7, resultado de más de diez años de conversaciones interrumpidas y retomadas. Para México, la lectura relevante es de diseño de política: el CETA consolida un modelo de liberalización asimétrica y por etapas en el que la economía con mayor intensidad manufacturera obtuvo protecciones temporales para sus sectores sensibles, mientras el mercado de alto ingreso accedió más rápido a sus exportaciones prioritarias. Esa lógica es la misma que estructura el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), cuya revisión formal avanza en 2026. Según Business Standard India, los vehículos indios recibirán acceso libre de arancel dentro de una cuota anual, con ventaja competitiva de 10 puntos porcentuales sobre otros exportadores.
Las cifras estructuran el alcance del acuerdo: India redujo aranceles en el 64.1% de sus líneas de forma inmediata y eliminará otro 21% en fases escalonadas; del lado británico, el 97.7% del valor del comercio bilateral quedó libre de carga arancelaria desde el primer día. En el plano sectorial, el arancel indio al whisky escocés baja de 150% a 75% en primera instancia y llegará al 40% en el año diez. Los sectores que India mantuvo fuera del acuerdo, entre ellos lácteos, cereales, aceites vegetales y algunas frutas, ilustran los límites políticos que cualquier proceso de liberalización debe gestionar. El comercio bilateral de servicios totalizó 35,440 millones de dólares en 2024; el Ministerio de Comercio indio estima que más de 75,000 profesionales y 900 empresas se beneficiarán directamente.
El primer año de datos del CETA será el período de mayor interés analítico: los flujos comerciales observados permitirán calibrar si las proyecciones de beneficio sectorial se verifican, y sus resultados informarán los debates en economías que, como México, afrontan sus propios ciclos de revisión de acuerdos comerciales.
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