El precio de la mezcla mexicana de exportación subió 9.33 por ciento el 13 de julio de 2026 para ubicarse en 73.00 dólares por barril, arrastrado por el bloqueo del estrecho de Ormuz y la tercera noche consecutiva de ataques militares de Estados Unidos contra Irán, de acuerdo con datos reportados por El Financiero.

La escalada comenzó cuando Irán respondió a los bombardeos estadounidenses atacando bases militares en Kuwait y Bahréin, además de anunciar el cierre del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 por ciento del suministro mundial de crudo, reportó The Guardian. El presidente Donald Trump ordenó el bloqueo de buques iraníes y declaró un peaje del 20 por ciento sobre la carga transportada en la vía, medida que la ONU calificó como contraria al derecho internacional. La crisis también alcanzó a dos buques petroleros de Emiratos Árabes Unidos, alcanzados por misiles de crucero iraníes en el estrecho, con saldo de un tripulante fallecido y ocho heridos.

Los mercados globales resintieron el golpe de inmediato. El crudo WTI subió 9.42 por ciento a 78.14 dólares por barril y el Brent avanzó 9.25 por ciento a 83.04 dólares, mientras que en operaciones posteriores al cierre el Brent alcanzó 84.60 dólares. El peso mexicano se depreció 0.26 por ciento para cotizar en 17.52 unidades por dólar. El índice S&P/BMV IPC de la Bolsa Mexicana de Valores cayó 0.79 por ciento y el FTSE-BIVA retrocedió 0.80 por ciento. Analistas consultados por El Financiero señalaron que el mercado ya descuenta un alza de 25 puntos base en la tasa de la Reserva Federal para septiembre de 2026, con un segundo incremento posible hacia marzo de 2027, impulsado por las presiones inflacionarias de la energía.

La interrupción del suministro en Ormuz reactiva el debate sobre la seguridad energética y la diversificación de fuentes. Para México, productor y exportador de crudo, el alza de precios representa un ingreso fiscal adicional de corto plazo, pero el encarecimiento de combustibles y el riesgo de presiones inflacionarias globales configuran un escenario de alta volatilidad para las finanzas públicas y la política energética en el segundo semestre de 2026.

Esta nota fue redactada con asistencia de inteligencia artificial a partir de fuentes verificadas y revisada por un editor humano antes de publicarse.