El senador Flávio Bolsonaro cerró la primera vuelta presidencial de Brasil, celebrada el 4 de octubre, con 47% de los votos, frente a 44.2% del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Ambos se miden en la segunda vuelta del 25 de octubre, y de ese resultado depende también el rumbo de la política amazónica.
La elección no se agotó en la papeleta presidencial. El Partido Liberal de Bolsonaro se convirtió en la mayor bancada de ambas cámaras, al pasar de 99 a 121 diputados y de 15 a 28 senadores, su mayor representación senatorial desde 1988, según The Associated Press. En paralelo, la administración de Lula redujo la deforestación amazónica casi 50%, de acuerdo con The Guardian, un resultado que no se tradujo en votos: la exministra de Medio Ambiente Marina Silva perdió su candidatura al Senado y solo dos de 57 candidatos indígenas ganaron un escaño. Para México y América Latina, la composición del Congreso brasileño define cuánto margen conserva la agenda climática regional que ambos países empujan en foros multilaterales.
Los datos de deforestación son el eje del debate. Un análisis de MapBiomas de 2022 encontró que los territorios indígenas de Brasil perdieron 1% de su vegetación nativa en tres décadas, frente a 20% en tierras privadas, y el Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía registró que la minería de oro en esas tierras creció casi siete veces entre 2016 y 2024. El bloque que respalda esa actividad gobierna ya siete de los nueve estados amazónicos, según The Guardian, mientras el ministro del Supremo Tribunal Federal Flávio Dino ordenó al Congreso legislar sobre la minería en territorios indígenas. Flávio Bolsonaro ha ofrecido abrir las tierras indígenas a actividades económicas con salvaguardas ambientales, sin precisar las reglas de deforestación que aplicaría. Bajo el gobierno anterior, la deforestación amazónica creció 59.5%, de acuerdo con The Guardian.
La segunda vuelta del 25 de octubre decide quién gobierna Brasil; la legislatura que toma posesión el 1 de febrero de 2027 decide con cuánta holgura. Para la diplomacia climática de México, la señal a seguir es ese calendario legislativo.
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