Brasil vota el domingo 4 de octubre una primera vuelta presidencial con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro en empate técnico. La encuesta Datafolha difundida el 1 de octubre da a Lula 45% de los votos válidos frente a 40% del senador, y 48% contra 45% en un balotaje simulado.
Foreign Policy identifica tres fuerzas que explican el desenlace: la relación entre el poder civil y los militares, el voto de las mujeres y la disputa por el sector financiero. En su análisis del 2 de octubre, Catherine Osborn señala que Lula incorporó por primera vez en siete campañas presidenciales el fortalecimiento del sector de defensa como promesa central, mientras Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, ofrece cercanía con Washington y programas de seguridad de corte militarizado. El Partido Liberal elevó el perfil de Michelle Bolsonaro para ampliar su llegada a las votantes, y el candidato corteja al sector financiero con la promesa de recortar el déficit. El resultado importa a México porque Brasil es la mayor economía de América Latina y define el mapa comercial y de inversión donde compiten los dos países.
El cierre de campaña quedó sin debate televisivo: Lula declinó participar en el espacio de TV Globo y Flávio Bolsonaro canceló su asistencia horas antes, por lo que la televisora suspendió el programa, según Infobae. Ese medio reporta además que la última semana estuvo marcada por una disputa en torno a Nuestra Señora Aparecida, después de que el Tribunal Superior Electoral ordenara retirar publicaciones sobre el tema. Lula, de 80 años, busca un cuarto mandato no consecutivo, y Flávio Bolsonaro, de 45, es senador por el Partido Liberal. Datafolha levantó 2,506 entrevistas en 152 municipios entre el 28 y el 30 de septiembre, con margen de error de dos puntos, y encontró que 78% de los electores ya tiene su voto decidido.
Si ningún candidato supera la mitad de los votos válidos el domingo, la definición se trasladará al balotaje del 25 de octubre. El desenlace brasileño marcará el alineamiento comercial de la mayor economía de América Latina, un tablero que México sigue de cerca por su efecto sobre el comercio y la inversión regionales.
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