El expresidente del Servicio Federal de Inteligencia de Alemania (BND) August Hanning, de 80 años, fue detenido el martes 6 de octubre de 2026 en su domicilio por sospecha de traición y espionaje, según informó The Guardian. En la misma operación fue detenido su antiguo jefe de gabinete, identificado como Manfred D.

El caso toca a un servicio aliado de la OTAN y a un exfuncionario que, según la investigación, mantuvo acceso a material clasificado durante más de una década. De acuerdo con ORF, Manfred D. siguió trabajando para los sucesores de Hanning en el BND y entregó a su antiguo jefe cerca de 2,000 documentos, muchos clasificados para nivel directivo, desde 2010 y al menos hasta junio de 2022, en intercambio por pagos. La detención ocurrió tras años de investigación y allanamientos simultáneos en varias propiedades, incluida Berlín. Para México y América Latina el expediente ilustra dos decisiones de política pública: cómo se supervisa a los servicios de inteligencia y qué reglas rigen cuando un exfuncionario con acceso a información reservada pasa a la consultoría privada.

Hanning dirigió el BND entre 1998 y 2005 y después fue secretario de Estado en el Ministerio del Interior alemán hasta 2009. La Fiscalía le atribuye intento de traición, actividad de agente y espionaje de secretos de Estado; a Manfred D., complicidad en esos delitos. Según el expediente, Hanning usó el material en su trabajo de consultoría y en al menos una ocasión redactó un análisis para un oficial de un servicio de inteligencia extranjero. Los documentos incluyen material de servicios socios y reportes sobre el programa nuclear iraní y el ejército ruso, de acuerdo con WDR, NDR y Süddeutsche Zeitung. Esa información indica que el caso no involucra una conexión con Rusia, y la Fiscalía no identificó al país del servicio extranjero. Ambos detenidos comparecen ante el Tribunal Federal de Justicia en Karlsruhe, Manfred D. el martes y Hanning el miércoles, para definir su prisión preventiva. Rige para los dos la presunción de inocencia.

La decisión sobre prisión preventiva en Karlsruhe y la identificación del servicio extranjero marcan los siguientes pasos del expediente alemán. El caso añade un capítulo a la discusión sobre cómo las democracias vigilan a quienes dirigieron sus aparatos de inteligencia.

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